Texto publicado en el blog http://pnevmantilogias.wordpress.com.

“La decadencia paulatina del Imperio Otomano permitió a los griegos sometidos a desarrollar una cierta actividad económica, principalmente comercial, y enriquecerse de ella. Las relaciones comerciales con Occidente les permitieron ponerse en contacto con las ideas revolucionarias de finales del siglo XVIII en la Europa Occidental.”

El último párrafo del capítulo ” La vida económica ” del libro de texto de historia del sexto curso de primaria.

Un párrafo. Un corto párrafo. Bien escrito. Con una sintaxis y ortografía impecables. “¿Qué hay que subrayar señorita?  “Nada, contestaría yo, aunque querría decirles que lo tacharan entero. La autocrítica después; Es más difícil.

Regresemos ahora al párrafo. ¿Qué es lo que dice?

– Que los griegos gozaron de un “florecimiento económico”, ya que contribuyó a la mejora de sus vidas. ¿Todos los griegos? ¿Algunos griegos? ¿Qué griegos? Obviamente todos los griegos. Porque, obviamente, en aquel momento histórico (“en vísperas de la Gran Revolución de 1821”) que la situación económica de los armadores de la época era muy buena, todos los griegos lo pasaban bomba y se les ocurrió hacer una revolución, ya que no tenían nada mejor que hacer…

– Que de esta clase de los comerciantes y los armadores acomodados surgieron los protagonistas de la revuelta. Los protagonistas. Y no estaban solos. Tenían compañía: a los “líderes tradicionales” de los sometidos. Es decir, a los jefes de las comunidades cristianas. Yo no sé – no se aclara – si en los protagonistas de la revolución se incluye el clero de la época. O sea que, los jefes de las comunidades cristianas, la burguesía emergente y tal vez los jefes del sacerdocio y el propio patriarca, fueron los protagonistas de la revolución de 1821. Estupendamente. Para los jefes militares y los miles de los luchadores era un honor sacrificar su vida en la lucha armada por la libertad como unos “extras”, como un decorado necesario en el show que dieron los protagonistas.

¿Qué es lo que enseña?:

– Enseña a los y las estudiantes de este país a aceptar como verdadera la conclusión ahistórica de que la historia es escrita por los poderosos. Por los ricos y los soberanos. Así, van a aceptar fácilmente en su vida el papel secundario o aún inferior del “extra” de la vida y de la historia.

– Les enseña que no se pregunten de lo obvio y que acepten como verdadera la imagen descaradamente falsa de que todos los griegos eran lo mismo y estaban viviendo en las mismas condiciones, haciendo uso de la imagen borrosa que engendra la generalización “los griegos”. Cuanto más borrosa es la imagen, mejor para los autores del libro y sus ordenantes. Como veis, ellos prefieren el proceso cognitivo simplista de la generalización a la distinción más compleja y concordante para personalidades más maduras (el infante generaliza: “esto es un árbol”, el niño distingue: “esto es un manzano”).

¿Qué es lo que para nada quiere decir, pero lo dice?:

– Pues lo obvio. Que la revolución griega fue una revolución principalmente de carácter clasista. Una revolución hecha por la burguesía emergente de la época, que buscaba conseguir no sólo más beneficios contra Poder, sino el Poder mismo. Por supuesto, si quisiéramos hacer un enfoque (una aproximación) de este tipo, no recurriríamos al autor del libro de texto de historia del sexto curso de primaria y a sus amigotes, sino a Giannis Kordatos[1], por ejemplo, para un análisis exhaustivo y científico del tema….

Hoy día, hablando sobre la democracia y la dictadura (que hoy este tema es actual…) ha sido dicho por varios estudiantes que los regímenes dictatoriales se valen de la violencia con el fin de sobrevivir y continuar oprimiendo. Esto es cierto. Sin embargo, la pregunta que surgió de tal premisa fue de qué tipo de violencia se puede valer cualquier persona que quiere oprimir de una manera eficaz. Y en el contexto de esta violencia apareció algo que lo llamamos “violencia espiritual”. Paulo Freire lo llama “invasión cultural”:

“Los invasores imponen su propia cosmovisión a las víctimas de su invasión, e inhiben su creatividad, conteniendo su expresión”.

Paulo Freire, “La pedagogía del oprimido”

Luego viene la pregunta inevitable. En el momento en que se te pide colar “basura” o más bien usar las armas de los invasores en la mente y en el desarrollo moral de tus jóvenes estudiantes, ¿qué haces? ¿Cómo lo manejas? En unos días como estos que el temor y la inseguridad casi apestan y hacen que el aire a tu alrededor sea sofocante, ¿qué haces? ¿Es suficiente hacer comentarios sobre el texto, quizá agudos, quizá no? ¿Es suficiente? No lo sé.

Y uno de los próximos días voy a enseñar la obra “Preguntas de un obrero que lee”. Querría tener el coraje de decirles (a los estudiantes) que tachen (el párrafo del libro de texto de historia).

El texto en griego.



[1] Sociólogo e histórico marxista (1891-1961).

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