El texto que publicamos en esta entrada es una denuncia de una trabajadora en la organización no gubernamental Praksis sobre el papel de esta empresa en el tema del alojamiento de los refugiados. El texto fue publicado en la página web de la Organización de Antifascismo Combativo.

Durante los últimos años estoy trabajando como científico social en el programa Relocation de la organización no gubernamental Praksis, la cual, como es bien conocido, ha recibido muchísimo dinero del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para dar alojamiento a refugiados trasladados a otros países de la Unión Europea.

Sin embargo, a pesar de esta financiación generosa, la situación es la siguiente: Los refugiados se apilan como ratas, en casas cuyas paredes están negras de la humedad, en algunas ni siquiera hay camas, sino colchones en el suelo, y en ninguna de ellas hay calefacción, a pesar de que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas da dinero para ella. En concreto, de las 1.200 casas alquiladas por Praksis, sólo 200 tienen convectores, los cuales, sin embargo, se averiaron en la primera semana de su funcionamiento. Hay que señalar que este programa concierne a personas que padecen graves enfermedades, por lo que niños recién nacidos y personas mayores no tienen calefacción en temperaturas muy bajas, con todo lo que esto conlleva. Lo más exasperante es que lo refugiados se ven forzados a comprar estofas usando los cupones de 45 euros por persona que se les facilitan sólo para comida. El resultado de esta situación es que son severamente reñidos por los científicos sociales responsables de los pisos en los que viven. Estos científicos actúan como maderos, chequeando los recibos de los supermercados que traen los refugiados. También, chequean si se han causado daños a las casas en las que viven los refugiados, amenazándolos con pagarlas ellos y con echarlos a la calle si no están obedientes. No es fortuito que los refugiados hayan denunciado al Alto Comisionado muchos casos de conductas racistas por parte de trabajadores de dicha ONG. Los refugiados son llamados guarros, peligrosos, padres malos, mientras que a menudo son llamados “animales”.

La manera de materializar el programa es totalmente humillante para los refugiados, dado que en un proyecto que supuestamente está planificado para servirlos y para aliviarlos, no tienen derecho a opinar, nunca son preguntados de nada, y son sometidos a un martirio sin fin, el cual, desde luego, viene a sumarse al drama del desarraigo que han sufrido. A menudo son trasladados de casa en casa, como si fueran objetos. Muchas veces ni siquiera las casas nuevas cumplen con las condiciones de vida, higiene y seguridad básicas: Ventanas rotas en las que se han hecho daño varios niños, cucarachas, moho, colchones con piojos que provocan enfermedades dermatológicas, enchufes desarticulados, techos estropeados cuyos trozos caen en las cabezas de estas personas, inundaciones provocadas por pipetas atascadas. Todo esto constituye las condiciones de vida inhumanas de la cotidianidad de los refugiados en las casas de la ONG Praksis.

El supuesto carácter humanitario de la ONG Praksis es una estafa enorme, cuyas únicas víctimas son los refugiados. Se trata de una empresa que lucra con la desesperación y la desgracia de personas que han huido de una guerra. La corrupción y la decadencia rigen este proyecto de alojamiento. Los responsables de la política inaceptable que se está aplicando es el potencial humano involucrado: Desde los directores hasta la mayoría de los científicos sociales reciclables, quienes son que menos responsabilidad tienen. No obstante, han optado por continuar trabajando en el proyecto y por aplicar estas tácticas racistas y humillantes para la vida humana, porque “¿En qué otro puesto de trabajo se ganan 900 euros al mes netos?” Este interrogante es real, sin embargo, algunos seguirán optando por mantener su dignidad y su humanismo, por eso no faltan las dimisiones, entre ellas la mía dentro de poco. He escrito este texto para daros una imagen “desde dentro” (de lo que está pasando), así como para darles voz a los refugiados, a los que Praksis llama “beneficiarios”. Esto dice mucho más de lo que pudiera escribir para denunciar el régimen de dicha ONG.

El texto en griego, portugués.

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