Hace unos días la “Iniciativa de trabajadores en los medios de transporte-Frente de clase”, el “Sindicato de camareros, cocineros y de trabajadores en el sector de la alimentación” y la “Asamblea de resistencia y solidaridad de Kipseli-Patission”, la “Asamblea abierta de Peristeri” y la “Iniciativa de habitantes e Kesarianí” realizaron una acción-“intervención” en una estación de metro de Atenas contra el billete electrónico. En esta acción se repartió un texto sbre este tema, firmado por las tres primeras colectividades. Siguen unos fragmentos de este texto (casi la mitad), acompañados por unos comentarios nuestros.

“Los trabajadores en los medios de transporte están experimentando con particular intensidad las consecuencias de esta re-estructuración. La intensificación de su trabajo en la expedición de billetes preanuncia las condiciones que experimentarán todos los trabajadores”.

En el comunicado se habla de “trabajadores” en general. En este caso creemos que no se puede generalizar hablando de “trabajadores” sin concretar a qué trabajadores se refiere. Hay varias categorías de trabajadores en los medios de transporte, desde los directores, todo tipo de ejecutivos y peces gordos bien remunerados y otros esbirros privilegiados, a los esclavos asalariados de bajo rango, que cobran poco dinero y sus condiciones laborales no son nada buenas.

Los “trabajadores” de alto rango seguro que no experimentan “con particular intensidad” las consecuencias de ninguna re-estructuración. Tienen la ilusión falsa de que están acomodados y actúan como tales. A pesar de los (pocos) recortes salariales que han sufrido, el dinero que cobran todavía les llega para vivir una vida cómoda, según sus criterios pequeñoburgueses de la vida. No tienen la menor intención de poner en duda, aunque fuera teóricamente, la estructura de los medios de transporte, y aún menos su funcionamiento como una mercancía.

La mayoría de los demás trabajadores en los medios de transporte masivos (y sobre todo casi todos los trabajadores en la red de metro y de los trenes de cercanías de Atenas) son personas que consiguieron un puesto de trabajo en este sector a causa de estar enchufados en alguno de los dos mayores partidos políticos, Nueva Democracia y Pasok (y algunos en otros partidos), antes de la incorporación de la mayor parte del Pasok al Syriza, y la disminución electoral de Nueva Democracia. En el metro el porcentaje de estos perros partidistas se aproxima al 100%.

Los sindicatos verticales de dichos “trabajadores” jamás han reivindicado algo más que unas migajas más para las ovejas de su rebaño. Jamás se han opuesto a la mercantilización de los medios de transporte, a la eliminación de su carácter público, al cierre de las estaciones de metro durante las movilizaciones en el centro de Atenas, al billete electrónico y a los torniquetes. Jamás han puesto en duda, aunque fuera teóricamente, el modo del funcionamiento de los medios de transporte masivo en la sociedad capitalista. Jamás se han solidarizado, ni en la teoría ni en la práctica, con ninguna lucha social o de clase. Jamás han reclamado el uso libre de los medios de transporte por todos. Jamás han puesto en duda la existencia y la utilidad de la jerarquía en su empresa y en la sociedad.

Lo único que les interesa es cobrar algo más de lo que cobran. No tienen la mínima conciencia social o colectiva. No sueñan con un mundo de libertad, sin clases sociales, sin antagonismos y jerarquías, ni siquiera con una sociedad mejor. Quieren vivir en esta sociedad, pero cobrando más para poder consumir más. Sus inquietudes sociales o políticas en el mejor de los casos se limitan a la delegación. En el peor de los casos, son inexistentes. Esto no se llama “experimentar con particular intensidad las consecuencias de la re-estructuración”. Les importan un bledo estas consecuencias. Son algo peor que pequeñoburgueses. Son unos esclavos asalariados totalmente alienados que aspiran a ser pequeñoburgueses. Y desde luego, nosotros no olvidamos que algunos de estos “trabajadores” son los seguratas y los revisores…

“La situación que experimentan tanto los expeditores de billetes como los pasajeros, con las colas interminables en los puestos de expedición de billetes, es el resultado de la indiferencia del gobierno y de las direcciones de la empresa de autobuses y de la empresa del metro hacia nuestras necesidades. Es tan sólo una pequeña muestra de las planificaciones que están haciendo y del futuro que nos han reservado”.

Las colas en los puntos de expedición de billetes y tarjetas duraron un mes por la falta total de organización en la introducción del nuevo sistema (billete y tarjetas electrónicos). Ya no hay colas. Es claro que al gobierno y a las direcciones de las empresas les importa un bledo que la gente esté unas cuantas horas de pie, haciendo cola para comprar una tarjeta electrónica, mensual o anual. Los que se dieron una paliza fueron los que usan los medios de transporte. Esta situación no afectó mucho a los expeditores. Bueno, trabajaron un poco más, pero se quejaron de la falta de organización durante la introducción de este sistema de control y vigilancia absolutos, no se opusieron al billete electrónico y a todo lo que este conlleva. Tampoco se quejaron de la mercantilización total de los medios de transporte. Se quejaron de no haberse introducido este mismo sistema sin colas y otros percances.

“La respuesta de nuestra parte a sus planificaciones se encuentra en el camino común, en las luchas comunes que debemos dar los trabajadores en los medios de transporte masivos y los pasajeros contra el contro que nos quieren imponer en cada paso que damos, contra las exclusiones y contra la continuación del proceso de la mercantilización de los medios de transporte masivos”.

Tampoco los “pasajeros”, o sea los usuarios de los medios de transporte masivos, se han opuesto a la introducción del billete electrónico. La gran mayoría de la gente concibe los medios de transporte como una mercancía, al igual que la Sanidad, la Educación, e.tc. Les disgustó esperar en la cola para sacar la tarjeta, pero critican la actitud de los que “no quieren pagar billete”, porque se identifican con el Estado y sus intereses. En el caso de los que de momento están algo “acomodados” (o sea, que no están en estado de indigencia) ocurre lo mismo que lo que ocurre en el caso de la clase media de los países europeos: Como tienen acceso a todo lo que debería ser bien social, no ponen en duda su carácter mercantilista. Cuando pierdan este “privilegio”, como tienen interiorizadas todas las invenciones ideológicas del capitalismo, lo más probable es que pidan que regresen a su estatus anterior, o sea pertenecer a la clase media de una sociedad inhumana, que está dando el golpe de gracia al planeta y al ser humano. Pedirán que los medios de transporte masivo sigan siendo una mercancía, pero que tengan acceso a ella.

Todos estos “pasajeros” jamás han participado en las luchas dadas por una minoría social por el uso libre de los medios de transporte masivos. En el pasado muchos de ellos se han mofado de esta minoría y en general de los que no se han rendido a la barbarie capitalista. Lo único que les fastidió en el caso del billete electrónico fue el hecho de que hicieron cola para recibir su tarjeta electrónica. Es triste pero es la verdad.

¿Cómo es posible que todos estos “pasajeros” y “trabajadores” luchen en común contra el billete electrónico y por el uso libre de los medios de transporte masivos por todos? ¿Cuando los autores del texto escribieron “la respuesta de nuestra parte…”, a quiénes incluyeron en esta frase? ¿A “los oprimidos y los explotados”? No es difícil constatar que la mayoría de estos no actúan como tales. Los autores del texto (y la mayoría de los que sostienen pertenecer al notorio “movimiento”) se niegan a aceptarlo. Lo peor es que se niegan a examinar y analizar los porqués de este fenómeno y adaptar su discurso político a los resultados de este análisis. Lo deseado no siempre coincide con lo real. Y los deseos y las consignas no pueden sustituir al discurso político argumentado. Aún menos si su lenguaje es de madera.

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