Texto publicado en http://thepressproject.gr, sobre el papel, la labor y los días y obras de los periodistas ejecutivos de los mass media, así como de sus responsabilidades como defensores del Régimen y propagadores de su ideología.

Tienen el derecho de la censura y del despido, pero participan en las mismas uniones sindicales junto con los que censuran y despiden. Sus salarios son mucho más altos que él de un trabajador promedio, pero están a la cabeza de los procesos de recortes de salarios y de la firma de contratos individuales exigidos por la patronal.

Durante todos estos años han sido cómplices al modelo fracasado que se ha aplicado a las empresas de los medios de desinformación, pero esto hoy les parece poco y se vuelven contra los periodistas incompetentes y los trabajadores que andan a la sopa boba. Han contribuido de manera decisiva a la degradación de la información, sin embargo, hoy se preguntan por qué sus “clientes” ya no compran los “productos” que ellos mismos velan por producirse.

Hablan en nombre de la sociedad, pero dirigen sistemáticamente el poder de los medios de comunicación contra la sociedad y especialmente contra aquellos que se atreven a ponerla en duda y a luchar. Sabían de sobra que los mass media que dirigen, en su mayoría dependían de las subvenciones del Estado, pero no dudaron ni un momento en poner a los funcionarios públicos entre la espada y la pared, acusándolos de todos los males de este mundo.

Fomentan, supuestamente, la investigación y el diálogo, pero por lo general no consienten que sus interlocutores articulen una sola palabra o desarrollen un pensamiento diferente del que ellos profesan – y ciertamente no permiten que este pensamiento llegue a la cabeza de los temas de la actualidad. Son unos predicadores ardientes de la Democracia, pero no dudan en escribir y comentar con el fin de hacer ascender y descender a gobiernos cuando lo quieran sus patrones.

Imploran la opinión de los expertos, sin embargo, suelen seleccionar sólo a aquellos que cuadran con su concepto y los dirigen hacia donde ellos han decidido dirigir el debate. Son pedantes y sabelotodos y obviamente saben mucho más de lo que saben las decenas de miles de personas que salen a la calle o están en huelga. Lo bueno no es bueno y lo malo no es malo hasta que ellos no lo digan.Lo peor, sin embargo, es que hacen todo esto siendo muy a menudo totalmente innecesarios. Preguntémonos simplemente: ¿qué perdería un medio de comunicación si se deshiciera de sus directores y “analistas”? ¡Si queremos ser honestos, poco o nada en absoluto!

En términos de periodismo, por ejemplo, es bien conocido que los ejecutivos de esta especie no sólo han cesado de producir noticias y temas importantes, y cada vez más a menudo se convierten en veteranos de la profesión. Sin embargo, esto no les impide nada echar la culpa a sus subordinados por no trabajar lo que es debido por insistir en tener horarios y descansar.

Los mismos, desde luego, sostienen que han pasado por esta etapa y ahora cobran (generosamente) por sintetizar, analizar y preparar los titulares. Es cierto: no les sirven a los patrones para producir noticias – estas se encuentran en abundancia -, sino para asegurar una presentación que sirva sus intereses. “¿Hostias, quién lee el segundo párrafo?”, dice un dicho conocido a los periodistas y que los directores saben muy bien: velan por ser políticamente correctos los titulares y las noticias principales y por censurar las que molestan -el resto simplemente les deja indiferentes.

Por otra parte, a nivel de conocimientos técnicos, es bien sabido que la mayoría de los gerentes… son raquíticos en comparación con el trabajador promedio, especialmente con respecto a la utilización de los nuevos medios de comunicación. Además, es un secreto a voces que en muchos casos, conocen la línea, el proceso y las claves de la producción mucho menos que sus subordinados, ya que se ocupan principalmente de las relaciones públicas y de la intersección de intereses.

¡Dejemos de lado lo que cuestan! Si, por ejemplo, faltaran de las nóminas de las empresas, es probable que sus balances fueran más “ligeros” por unas decenas de millones de dólares, y se demostraría su viabilidad, sin tener que despedir a trabajadores o reducir sus salarios, conduciéndolos al borde de la hambruna. Sin embargo, los gerentes prefieren ponerse la capucha… y causar dolor, que ceder sus privilegios.

Y por sí mismos no van a estar dispuestos a que cambie nada en este régimen provocador, no queda más remedio que deshacerse de ellos. Comenzando por los sindicatos, en los que ya “la clase pudiente y los plebeyos” no pueden ser lo mismo.

El texto en griego.

Deja un comentario

*

Archivo