Una “Asociación de Padres de Alumnos” más viene a sumarse a la lista de las asociaciones de padres racistas. Se trata de la asociación del pueblo de Sesclo, en la provincia de Magnesia.

En concreto, la presidenta (esta gente no puede vivir sin jerarquías) de la Asociación de Padres de Alumnos de la escuela primeria del pueblo se quejó de no haberse informado de la llegada de hijos de refugiados a la escuela. La Asociación preguntó al director de la escuela si había tomado tal decisión, dado que según ella “la gente está”. Hablando en el nombre de la sociedad local, la presidenta declaró que “la decisión de la Asociación de Padres de Alumnos, así como de la sociedad local, es no aceptar a los hijos e los refugiados, dado que su integración en la escuela se encuentra en una fase experimental”.

La “sociedad local” no ha tomado ninguna decisión contra la integración de los hijos de los refugiados en las escuelas de la provincia. No obstante, el ejemplo de dicho sujeto, es ilustrativo de cómo personas que ostentan títulos (por muy insignificantes que ellos sean) no dudan en hablar y actuar en el nombre de un conjunto de personas, aunque su título corresponde a una pequeña parte de este conjunto. Es ilustrativo de cómo funciona la delegación y la falta de horizontalidad.

El mismo sujeto estimó arbitrariamente que la integración de los hijos de los refugiados en las escuelas está en una fase experimental. Aún cuando fuera así, este hecho en sí no es un argumento contra la coexistencia de estos niños con los hijos de los nativos. Es claro que los racistas no pueden encararse directamente a la argumentación anti-racista y buscan varios pretextos para encubrir sus complejos racistas, estando impregnados de las invenciones ideológicas del Poder discriminatorias y en general fascistas.

El mismo sujeto sostuvo que “los padres de Sesclo no son racistas. Viven armoniosamente junto con extranjeros de origen albanés desde hace varios años, han bautizado a sus hijos, los han metido en sus casas, y nadie puede acusarles de algo”.

Nadie ha metido a ningún albanés en su casa. Siendo los albaneses en su mayoría ateos, al llegar a Grecia se convirtieron al cristianismo con el único fin de que sus hijos fuesen aceptados por la mayoría de la sociedad a nivel local e institucional, y que pudiesen integrarse en su normalidad. Los que fueron padrinos de los hijos de los albaneses que se convirtieron (en apariencia) lo hicieron porque no quieren y no pueden coexistir con personas que no son de la misma religión que ellos. Los refugiados son mayoritariamente musulmanes. Y los musulmanes hoy en día no suelen convertirse. Y esto sí es un problema para la presidenta y para los de su condición, por mucho que sostengan que no son racistas.

Desde luego, esto no les impidió de explotarles de la peor manera, contratándoles como esclavos asalariados en sus negocios y pagándoles unos sueldos basura, o contratándoles como jornaleros en sus cultivos y tratándoles como vasallos. Los “patriotas” esto no lo llaman explotación. Tienen la desfachatez de sostener que “dan de comer” a los inmigrantes y a los esclavos asalariados en general. No dicen, sin embargo, que reciben a cambio de las migajas que les dan.

La presidenta de la Asociación de Padres de Alumnos de la escuela primeria del pueblo de Sesclo sostuvo, sin argumentar, que “hay un tema con la vacunación (de los hijos de los refugiados)”. No entendemos en que estriba el inconveniente. Es un ejemplo más de cómo el racismo busca pretextos para encubrir sus invenciones ideológicas.

Hemos dejado por último el comentario del mismo sujeto sobre el origen de los refugiados: “Son chicos que provienen de una zona de guerra”. Justo por esta razón se debería tratarlos de la mejor manera posible y no rechazarlos o echarlos a la calle. Los padres racistas se han olvidado de las oleadas de los refugiados griegos que vinieron de Asia Menor y de la costa sur del Mar Negro con los genocidios y las limpiezas étnicas del Régimen turco a principios del siglo XX. Probablemente algunos de aquellos refugiados fueran sus padres o abuelos. Esto poco importa. Aquellos refugiados para ellos eran buenos, por ser (mayoritariamente) cristianos y griegos, o sea “de los nuestros”. Se han olvidado también de cómo algunos hiper-patriotas griegos del Estado griego de aquel entonces insultaban y maltrataban a aquellos refugiados, por identificarlos con los “otros” (los musulmanes), tan sólo por vivir en Asia Menor y no en la península griega o las islas griegas.

¿Después de todo eso, sería una exageración decir, parafraseando el lema conocido, que el racismo es el síndrome de los estúpidos y los lobotomizados? ¿Sería exagerado decir que lo de que nadie puede acusarles a los padres de la Asociación de nada es por lo menos un disparate?

Para nosotros la lucha contra el racismo y el fascismo no puede limitarse a la calle. Hay que analizar estos fenómenos, y desestructrurar sus invenciones ideológicas. Si no, es muy probable que pronto suframos las secuelas de su imposición en la sociedad.

El texto en portugués.

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