Texto de la colectividad del barrio de Atenas Nikea “Bloqueo al Poder”, publicado en su página web.

El plan de estructuración de la Compañía de Autobuses Urbanos incluye muchísimas disposiciones (medidas) y “nuevas ideas” sobre la represión de los “pasajeros sin billete” y el control de todos los pasajeros: Barras giratorias, entrada sólo por la puerta delantera de los autobuses, puntos de control en las entradas y salidas de las estaciones de metro, cuerpo de revisores con la participación de la Policía, así como cámaras de vigilancia dentro y fuera de los vagones del metro y los autobuses.

De esta manera se va formando un ambiente de control intensivo y de registro de nuestra cotidianidad. Nuestros traslados constituyen una mercancía y unos datos que podrán se procesados en el futuro.

A los que se les ocurra no pagar el precio del traslado (que irá aumentando según el itinerario) los espera un cuerpo de chivatos (uniformados o no), vigilantes en la Tierra del santo proceso de picar el billete. Estos estarán listos para perseguir y castigar a los que cometan el pecado mortal de no pagar el billete (la memoria del asesinado Thanasis Kanautis en Peristeri, por no tener billete, está siempre viva). También, los espera el accesorio indispensable de todo Poder que tiene respeto a sí mismo: Cámaras de vigilancia.

¿Pero cuál es este notorio cuerpo de los pasajeros sin billete, al que tanto quiere someter el Estado? ¿Acaso no son los miles de trabajadores que tienen que ser trasladados con rapidez de un lugar de explotación a otro? ¿No somos nosotros, que estamos obligados a trasladarnos durante horas enteras dentro de la metrópolis, recorriendo largas distancias desde nuestra casa al trabajo, desde la escuela a la donde se dan clases de apoyo, desde cualquier lugar en que estamos obligados a estar a cualquier lugar en que hemos optado por estar? ¿No somos nosotros en todas las facetas de nuestra histeria capitalista? Malhumorados y nerviosos por la mañana, consumistas metidos en el mundo maravilloso del consumo por la tarde, despreocupados divirtiéndonos a regañadientes a la media oscuridad de las salas de amodorramiento por la noche.

¿Pero que es el transporte público y por qué pedimos su uso gratuito (libre) por todos?

Nuestros traslados no son libres. Esto no es debido sólo al hecho de que tenemos que pagar por ellos. No son libres porque nuestra identidad y nuestros itinerarios (traslados) son vigilados y registrados. No son libres porque los gestores de los medios de transporte pueden abrir y cerrar las puertas de entrada y salida cuando ellos lo quieran, usando este poder para servir a la economía o como medio de represión, prohibiendo (a ciertas personas) el transporte (con estos medios de transporte). Ni siquiera son productos de voluntad libre. En la mayoría de los casos nos vemos forzados a trasladarnos por nuestro trabajo, por las necesidades de las transacciones y del comercio, convirtiéndonos de viajeros en equipaje-mercancía.

Por eso, es útil entender que una gran parte de nuestra libertad depende del motivo, de la manera y de los lugares de nuestro transporte. Es nuestro espacio vital, y cuanto más rápido lo ocupemos, más libres seremos. Esta es la razón por la que desde hace mucho tiempo en cada barrio se están saboteando las nuevas máquinas validadoras de billetes dentro de los autobuses y las estaciones de metro, al mismo tiempo que los revisores reciben palizas además de multas.

Nuestras herramientas están calientes y afiladas: Nos solidarizamos con los que reciben la violencia de los revisores, y los confrontamos en común. Destruimos las máquinas validadoras.

El texto en griego, portugués.

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