Texto publicado en la página web http://vforvolos.espivblogs.net.

Pascua se llama el período en la primavera en el que las escuelas y las universidades están cerradas. La semana santa es la semana en la que el mercado y la gente se están preparando para el domingo. Es el domingo de resurrección como dicen. La semana siguiente es un corto período de digestión.

Para mí, sin embargo, la Pascua es algunas cosas muy concretas que en la época del lavado del cerebro no podía determinar.

1. La propaganda pascual comienza en otoño en las escuelas primarias y las guarderías. Cada dos por tres la vida del pequeño Cristo viene a machacar la percepción e imaginación infantiles sobre el mundo. El pequeño Cristo es el bueno y los judíos son los malos. De esta manera el antisemitismo se mete en las cabezas de los niños de cuatro o cinco años. Esto, desde luego, depende del docente. Sin embargo, yo pertenezco a la categoría de los niños que se les enseñó el antisemitismo. Como chica me fastidiaba la discriminación entre los cánticos: El cántico de Lázaro es cantado sólo por las chicas y el “Hoy el cielo está negro” sólo por los chicos. Por eso, nuestra maestra nos enseñó a todos los alumnos los estribillos de ambos hits pascuales. Ya no hacía falta algo más: El antisemitismo estaba consolidado en nuestros cerebros infantiles antes de que nos enteráramos de eso.

2. La participación en la procesión del viernes santo a regañadientes. Bueno, cuando éramos niños todo se hacía a regañadientes. El aire olía a miles de flores muertas. El aire olía a muerte y a los medicamentos que toman las señoras practicantes con el moño gris y la mirada austera. Y todo esto era el evento del barrio. La procesión que huele a muerte antes de la invasión en los restaurantes que sirven pescado y aguardiente, como si este fuera el último día que sirven esta comida y esta bebida antes del fin del mundo. Este día era un día de alegría para los dueños de estos restaurantes, ya que sacaban toda la comida podrida que tenían almacenada, la gente no dejaba de encargarla, y los esclavos-camareros corrían como locos.

3. El chovinismo. Puede ser que en Pascua no se celebre algún desfile, sin embargo, en las escuelas se aprende como se celebraba la Pascua desde 1.821. Existen las novelas de Papadiamantis sobre la Pascua. Te hacen dar por hecho que el helenismo pobre y “sufrido” deseaba con anhelo celebrar la Pascua (toma una propaganda sobre el carácter único de nuestra raza, a la que todos envidian desde hace muchos siglos), y tú sientes remordimientos por alguien que “se sacrificó” por tí y por todo el mundo, por consiguiente debes vivir con la ética determinada por una religión. Luego vienen las canciones tradicionales al asar el cordero pascual. Te deben recordar que se trata de una “obligación” que debes cumplir cada año, de una deuda a la “tradición” griega y las “nuestras raíces que se remontan a los antepasados”. Porque la falda y los zapatos de los griegos del siglo XIX constituyen un símbolo de la liberación de los turcos malos y del Islam malo. Racismo e Islamofobia desde la edad infantil.

4. La masacre masiva de corderos y cabras. Una fiesta teñida de sangre. Te dicen que estas criaturas deben sacrificarse por la resurrección del pequeño Cristo. Consumo de carne como si no hubiera mañana.

5. La familia y todos los parientes que se reúnen en torno al cordero asándose a la brasa. Los muchachos de la familia preparan la gran mesa y sirven la comida. El patriarcado en torno al espeto con el cordero. La mirada masculina de los parientes chequea si los chicos se crían correctamente, o sea como unos machos, y si las chicas se crían para someterse a los machos y para servirles. Estas mesas son una oportunidad para que todos digan sus gillipolleces. La tolerancia a lo que se dice se da por hecha, porque la sangre no se hace agua.

Es una confirmación del tríptico patria-religión-familia. Si la familia asa el cordero al horno, algunos de los puntos anteriormente citados se evitan. La cultura (el concepto) de la fiesta, sin embargo, permanece la misma: Racismo, patriotismo, religiosidad, patriarcado y asesinatos masivos.

Todo lo anteriormente citado es asimilado (por el niño) antes de que se desarrolle cualquier pensamiento crítico. Y si es probable que según vas creciendo te dan asco las canciones tradicionales, el encuentro con los parientes y el ir a la iglesia con toda la familia, para llegar a la raíz del problema y destructurar los estereotipos de la familia griega, de la escuela, de la catequesis religiosa, para que deje de comerte el coco y mutilarte la cultura predominante, tienes que rechazar casi todo lo que has aprendido desde la época preescolar, antes de que llegues a decir lo que andaba diciendo aquel tío tuyo estúpido en la mesa, insultando a los judíos, a los turcos, mofándose del corderito que pastaba feliz antes de ser masacrado, y llamando a su mujer incompetente por caérsele el plato en el suelo, y a su hijo cobarde cuando se echó a llorar.

El texto en griego, portugués.

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