Texto publicado en la página web del centro social ocupado Sinialo, con motivo del desalojo de la okupa “Villa Amalías” y de la frase “foco de ilegalidad” empleada por el Ministro de Orden Público para calificar la okupa.

El Parlamento redacta las leyes y controla su aplicación. Aparte del bien conocido derecho real diacrónico de los diputados a la inmunidad frente a las leyes, durante los últimos dos años se han dado un golpe de Estado parlamentario (hace un año fue nombrado primer ministro un banquero extraparlamentario llamado Papadimos, con una decisión que fue tomada por los líderes de los tres partidos de la coalición del gobierno, en una reunión que realizaron dentro de un cuarto) y muchísimos, pero muchísimos, desvíos constitucionales. Es dificilísimo encontrar a alguien nativo de este país miserable que no considere el Parlamento foco de ilegalidad. ¿El hecho de que el Parlamento sea consecuente con el régimen de propiedad que rige su funcionamiento (pagando el “pueblo”) y que sus miembros sean “elegidos” (y pagados con los impuestos del “pueblo”, aunque no cumplan con lo que han sido elegidos para cumplir) constituye un criterio de legitimidad? Ciertamente, sin embargo, constituye el templo de la Democracia y el altar sagrado del cuerpo legislativo… ¡Tiene derecho a determinar y juzgar qué es foco de ilegalidad y decidir por su represión por todo el territorio del Estado griego!

De la misma manera, todos los municipios, siendo la forma de simulación de la autoridad central más molecular en las ciudades y pueblos del país, constituyen otro foco de ilegalidad en medio de malversaciones de fondos públicos demostradas, encubrimientos de numerosas irregularidades de todo tipo, desfalcos sistemáticos del sueldo de los trabajadores municipales a tiempo parcial, y reproducción tradicional del clientelismo del Estado. ¿Aquí también el régimen de propiedad (pagando el “pueblo”) y el hecho de que sus miembros son “elegidos” (y pagados con los impuestos del “pueblo”, aunque no cumplan con lo que han sido elegidos para cumplir) constituye un criterio de legitimidad? ¡A pesar de todo esto, cada autoridad municipal tiene derecho a determinar y juzgar qué es foco de ilegalidad y decidir por su represión dentro del territorio de su municipio!

Cada comisaría, por definición, poner en práctica las decisiones de los poderes legislativos, cualesquiera que sean ellos. Por lo tanto, constituye una mera reproducción de la cultura dominante de la ilegalidad, redactada en los bastiones tradicionales de la Soberanía. Desde luego, sin mencionar que además de esto, las comisarías constituyen bastiones de la delincuencia uniformada abrumadoramente documentada y del crimen institucionalizado y paraestatal. En este caso también, lo que determina qué es la legitimidad es la consecuencia con el régimen de propiedad (pagando el “pueblo”) y el hecho de que sus miembros son “elegidos” (y pagados con los impuestos del “pueblo”, aunque no cumplan con lo que han sido elegidos para cumplir).

Es “lógico” pues que en nuestros días todo este gentío de la ilegalidad institucional, reforzado por el derecho a una interpretación arbitraria de las leyes- el cual le ofrece un “estado de emergencia” bien coordinado- se vuelva con furia agresiva contra los “focos de ilegalidad”. ¿Y cuáles podrían ser ellos si no todo lo que se opone a la ilegalidad dominante antisocial constitucionalizada?

“¡Milagro!” El régimen de propiedad es un marco clave de la legalidad de los “focos de ilegalidad” (aquí el argumento de que paga el “pueblo” se vuelve contundente). Además, ofrece la definición de una política de excusas que determina de nuevo la índole antisocial de la Soberanía. Una excusa tras la otra para reprimir cualquier voz desobediente y para machacar la única oposición real de nuestros días.

Según esta política de las excusas… las “minorías” deben unirse con una “mayoría” que respeta, consiente o se calla ante la ilegalidad constitucional del Parlamento, de los municipios y de las comisarías. Las “minorías” tienen que vivir “legalizadas”, obedientes, calladas y morir de rodillas como las “mayorías”. En resumen, las “minorías” tienen que desaparecer.

No somos nosotros los que vamos a recordar a los gobernantes ultraderechistas arrogantes las palabras de “su” Maquiavelo (“nadie puede gobernar con bayonetas”), porque nosotros nos hemos cruzado con las bayonetas de los soberanos de todo tipo desde que nos recordamos a nosotros mismos.

Lo que queda por ver es si la “mayoría” se va a poner de rodillas ante las bayonetas. Esta es la nueva apuesta histórica del nuevo totalitarismo democrático de nuestros días.

Las calles están esperando las respuestas.

El texto en griego.

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