Texto de Nikos Adamópulos, publicado en Atenas Indymedia.

Una fiesta de “memoria nacional”, reiterada constantemente, siempre adquiere aquellas características que son prohibitivas para poder alcanzar el conocimiento fructífero, histórico y real. Esta es una constatación común y universal.

Los aniversarios nacionales del 25 de marzo de 1821 y del 28 de octubre de 1940 son dos ejemplos ilustrativos de la falta en nuestro país de una conmemoración fructífera del pasado, que produzca el conocimiento histórico necesario para el ciudadano y para el pueblo griego en su totalidad. En el mejor de los casos, podríamos decir que estas fiestas nacionales son una oportunidad para que los trabajadores se tomen un día libre y descansen, debido a que son días festivos, o en el peor de los casos, para muchos son una oportunidad de surgimiento de la parte más cruel y paranoica de su inconsciente, la cual, en este caso toma la forma de una histeria nacionalista y racista, y de vengatividad contra cualquier enemigo, real o ficticio, de nuestra patria…gloriosa.

La celebración del aniversario de la revuelta de la Escuela Politécnica, y sobre todo en forma de eventos de tres días, con el tiempo ha ido degradándose y ha llegado a tocar fondo, al igual que unas fiestecitas nacionales-nacionalistas similares, como las de los aniversarios de 1821 y de 1940. Y esto es debido principalmente al hecho de que el Estado que sucedió a la Dictadura, el llamado Estado de la Transición, se apropió de una revuelta estudiantil espontánea, la cual (mutatis mutandis) se fue desarrollando en una solidaridad popular, emocional y a distancia, con los estudiantes en lucha. El Estado de la Transición percibió aquella movilización popular histórica como una…”revolución” sistémica suya (propia), cuyo fin era la abolición de un Estado dictatorial, arbitrario y militar, ¡y su sustitución por su Estado parlamentario…ideal! Y no podría pasar de otra manera, ya que muchos de los participantes o protagonistas de aquella rebelión de noviembre de 1973, ostentaron cargos muy altos en el Estado burgués. Lo importante es que esto sucediara tan sólo unos años después, cuando las memorias de los sucesos de la rebelión todavía no se habían desvanecido (borrado).

Tan sólo el hecho de la “estatalización” paulatina de una revuelta juvenil, espontánea y en realidad anti-estatal y anti-autoritaria, por parte de un Estado menos asesino que el de la Dictadura que reprimió salvajemente la rebelión, en la actualidad es suficiente para desconectar, en la conciencia de la mayoría de la gente, el ritual “revolucionario” de una fiesta constantemente reiterada durante 44 años, del marco real y revolucionario de aquel acontecimiento del 17 de noviembre de 1973. Hay una sola excepción. Durante todo este tiempo que ha transcurrido, por lo menos los diez primeros años después de la rebelión de la Escuela Politécnica, cuando esta fiesta formal era celebrada por la juventud de aquella época de manera espontánea y conciente, y sin la intervención estatal, debemos admitir que tenía una combatividad sin precedentes, y a través de unas manifestaciones populares enormes e impactantes, promocionaba las demandas de aquella rebelión heróica de los estudiantes, realizada el 17 de noviembre de 1973.

Alguien podría admitir que hoy día, dada la estilización y estatalización de dicha fiesta, un ciudadano concienciado puede distanciarse de tales fiestas estereotipadas, que reproducen una memoria histórica sin contenido, y que podrían llegar a ser ridículas. Esta misma persona podría nada más reflexionar y recordar, para honrar a las decenas de los muertos de aquella rebelión heróica del 15,16 y 17 de noviembre de 1973, y para ir buscando de manera edificativa porqué 44 años después, la demanda del lema principal de los estudiantes okupas de la Escuela Politécnica de 1973 “Pan, educación, libertad” permanece sin cumplirse en un régimen democrático, al igual que en aquel entonces, cuando el Poder lo tenían en sus manos los militares y no los políticos.

¿Acaso el problema no estriba en el establecimento de repúblicas y de regímenes parlamentarios, dado que, según la chorrada de Churchill “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con la excepción de todos los demás”? Y ya que, aunque siguiendo esta lógica, entre todos los sistemas políticos que hemos conocido y probado, uno es peor que el otro, ¿acaso tenemos que descubrir un nuevo “sistema político”, en el cual el Poder no sea ejercido por el pueblo (el Poder nunca ha sido ejercido por el pueblo, a pesar de las declaraciones altisonantes de las constituciones), y no haya la necesidad de existir cualquier tipo de Poder en la vida individual y pública?

Parece que, a despecho de los que se niegan teóricamente la posibilidad de auto-gestión y auto-control de las actitudes del individuo cuando adquiere conciencia de ciudadano, a este punto serán conducidas forzosamente las sociedades y colectividades del futuro. No hay necesidad de complicarnos la vida pensando en cuán lejos estamos de esta época. El deber de cada ciudadano concienciado es dar su propia lucha de manera consecuente por traer aún más cerca del hombre la meta de esta maratón de la humanidad, drámática y aventurera, que dio comienzo hace varios siglos, para poder vivir por fin con “pan, educación y libertad”.

El texto en griego, portugués.

Deja un comentario

*

Archivo