Texto de Nikos Bóvolos, publicado en la página web www.iforinterview.com.

Despiertas, llevas a tus hijos a la escuela, y desde ahí sales pitando para llegar a tiempo al supermercado. Abre a las 8:00h, o sea que si te apuras, podrás comprar lo básico, dejar la compra en casa y luego ir corriendo al trabajo.

Pregunto: ¿Si el supermercado abre a las 8:00h y a estas horas todos los productos están en los estantes, listos para que los compres, a qué hora empiezan a trabajar los trabajadores? Según la Inspección de Trabajo los trabajadores empiezan a trabajar justo cuando abre el supermercado. Sí, la Inspección de Trabajo en nuestro país piensa que los estantes se llenan solos, que la tabla de quesos se limpia sola, y que el dinero en la caja central de los supermercados se cuenta solo, sin la presencia humana.

No se podría dejar de hacer una mención al pequeño árbol de la paranoia laboral, situado dentro del bosque de los alimentos podridos que compras, de los cuales hablaremos más abajo. Bienvenido a Grecia.

Soy Nikos y estoy bien. Ya estoy bien. He pasado los mejores años de mi vida (o al menos los que tendrían que ser los mejores, pero mejor no hablar de eso) dentro de un supermercado. No importa de qué empresa. De todas formas, de una de las grandes. No creo que sea una persona mala. Creo, sin embargo, que he hecho daño. No, gilipollas (estoy hablando a mí mismo, no me hagas caso), lo de “yo simplemente he hecho mi trabajito” no es o no tendría que ser una excusa. En la Edad Media el verdugo hacía un trabajito, pero es que este trabajito no es exactamente lo que llamaríamos “un trabajo normal”.

He vendido productos caducados. Muchos productos caducados. He engañado a gente, He cambiado la pegatina con la fecha de caducidad en muchísimos envases. He vuelto a meter en la nevera del supermercado leche que estaba dos días fuera de la nevera. He vendido queso feta que se había olvidado en el congelador y que se había convertido en una masa parecida a una piedra. He echado trozos de queso caducado dentro del barril de los quesos, y los he vendido como queso fresco.

Lo malo es que todo esto es una cotidianidad corriente y a partir de algún momento no te impresiona. Estás tan podrido dentro de esta corrupción que simplemente perpetuas lo que sucedía mucho tiempo antes de tí y sucederá durante mucho tiempo después de tí.

Y ahora pasemos a lo difícil. Todas estas exageraciones que te estoy describiendo no son un paréntesis negativo, no forman parte de la mala gestión de una cierta empresa. Lo que has leído es la regla que rige el funcionamiento de los supermercados. No pueden funcionar de otra manera. Me explico: En los muchos años que me he dado palizas en corredores, estantes, neveras y almacenes, he aprobado todos los cursos a los que asiste él que quiera llegar a ser encargado. Durante este proceso he estudiado y he aprendido todas las normativas, todas las leyes y todas las ventanillas únicas que puedan existir en ellas. Te aseguro, puedo firmar con las dos manos, y puedo escribir mi nombre y mi apellido debajo de mi firma, que si los supermercados cumplieran la ley cada día como es debido, y si los aparatos de control del Estado hicieran su trabajo, tendrían que contratar a otros tantos empleados. Esto no es una exageración.

Tomemos, por ejemplo, la entrega de los productos alimenticios perecederos. El proceso que se debe cumplir es el siguiente: Sacas los palés del camión (con los productos encima), coges dos productos de cada palé y los destrozas para medir y registrar su temperatura. Después almacenas los palés en los refrigeradores del almacén, yendo cargando los productos uno por uno, así que se mantenga intacta la llamada “cadena de frío”. Todos estos años que he estado trabajando en supermercados, ¿sabes cuántas veces cumplí al pie de la letra con este proceso? Una. La vez que recibimos una “visita” del control interno de la empresa, cuyos encargados vigilaron silenciosamente el proceso de la entrega. Sólo aquella vez. Todas las demás veces cargaba los palés en el ascensor o los ponía a lo largo de los corredores, para tenerlos a mi lado, al lado de las neveras en las cuales había que colocarse los productos. Este proceso podía llegar a durar unas siete horas. Durante este tiempo obviamente los productos estaban fuera de la nevera.

Por supuesto que cada supermercado está interesado en el lucro y su funcionamiento se rige por él. El problema existe y se perpetúa a causa de la indebilidad (no sabemos si es deliberada o no, pero con nuestro cerebro maligno podemos suponerlo) del Estado de poner freno (a las ilegalidades) y de hacer controles puntillosos. Estuvesiete años trabajando en supermercados. Una sola vez fui testigo de un control hecho por el Estado. ¿Lo entendiste? ¿Puedes comprender que en una empresa asociada directamente con la salud pública el control del Estado es casi inexistente? ¿Y por qué es inexistente?

Una razón podría ser que al Estado no le da la gana sacar dinero de las ilegalidades constantes y diarias de las grandes cadenas de supermercados. ¿Pero, qué pasa? No pueden ser tan masoquistas. Así que o el Estado no se atreve a meterse con las empresas que tienen la moneda de cambio de la amenaza “llevaré la empresa a Bulgaria y te aumentaré la tasa de paro”, o tiene la voluntad y los ,pero es corrupto, como suele pasar en Grecia.

Lógicamente, la verdad está en el medio. El gobierno de turno negocia con las grandes cadenas del mercado y en común crean un marco particularmente favorable para ellas, el cual legaliza con destreza todo lo que ocurre en los almacenes de un supermercado. Su único objetivo es el lucro, desinteresándose de las condiciones de higiene, del entorno laboral y de los derechos laborales.

Resumiendo: No vas a querer saber qué comes. No vas a querer saber el trayecto del queso feta hasta llegar a tu mesa.Por supuesto, aunque lo quisieras, no podrías saberlo. Porque nadie controla, nadie se interesa de verdad. Todos se hacen el tonto. Todos.

Buenas compras.

El etxto en griego, portugués.

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