Más abajo se puede leer la quinta parte de una serie de artículos temáticos sobre la diacronía del fascismo en el territorio del Estado griego. El artículo original, titulado “Hablemos del fascismo moderno” y subtitulado “actualizando nuestro análisis y organizando la guerra contra sus raíces y no sólo contra los fascistas declarados”, fue publicado en la página web de la colectividad anarquista de Volos Manifesto. Todas las partes se pueden leer aquí.

Ιzquierda y nacionalismo-“patriotismo”: La historia se repite como tragedia

“De todos los instrumentos de los que dispone la orquestra fascista, el que saca los sonidos más atractivos, sin duda es el nacionalismo. Y es uno de aquellos que menos debería ser usado por la Izquierda, cuya Internacional expresa en todas las lenguas del mundo el ideal de la hermandad mundial. No obstante, la Izquierda pensó que de este modo iba a reclamar a los “patriotas” al fascismo, y metió de repente la palabra “nación” en su vocabulario… En Francia vimos varias veces a los neosocialistas incorporar la “nación” a su credo, al mismo tiempo que nuestros compañeros comunistas no dejaban de gritar por su “amor por nuestro país”. Sin embargo, la mayoría de los “patriotas”, irritada dentro de su histeria chovinista pero desconfiando siempre de la Izquierda, consideró que el fascismo era más adcuado que ella para encarnar la “idea nacional”. Muchos de ellos, a las órdenes de Maurras (lídery teórico del hiperconservadurismo francés y partidario de la monarquía) al final fueron conducidos al redil del general (Petén)”.

Daniel Guerín, 1955: “Cuando nos reemplazaba el fascismo”

La legalización ética y política de los partidos fascistas-neonazis en el cuerpo social, con la “tolerancia”y el respaldo del Estado, y con su promoción comunicativa y financiación por una parte del Capital “local” allanó el camino para la realización de la propaganda fascista moderna, y dio la posibilidad de redeterminar el contenido y los límites del nacionalismo griego. La palabra clave en este cambio de estrategia por parte del Estado y del Capital, así como en todos los cambios semejantes realizados en el pasado, es el “patriotismo”. Es una palabra clave que nunca ha sido puesta en duda como término (todo lo contrario…) y nunca ha sido desustructurada por la Izquierda (parlamentaria y extraparlamentaria) como elemento fundamental de la ideología fascista. Al contrario, estando atada con las amarras oxidadas del “patriotismo” izquierdista, del modelo estatal  de la liberación nacional y de la narrativa leninista “anti-imperialista” de su pasado histórico (guerra mundial, guerra civil), hasta hoy la Izquierda se empeña en tratar de “desviar” el nacionalismo hacia una “dirección progresista”, jugando con las palabras, a pesar de su doble derrota estratégica a nivel político y militar (rendición de las armas y derrota del Ejército Republicano en la guerra civil).

La palabra “nación”, un término cuyo significado fue empleado desde el principio por la Soberanía burguesa, fue incorporada por la Izquierda a su vocabulario de manera oportunista, dándole al Poder burgués la oportunidad de reproducir las comunidades “nacionales” imaginarias en las conciencias de sus súbditos, con unas resistencias políticas particularmente reducidas (si no inexistentes). La aceptación del término “nación” ayuda estructuralmente a los fascistas a concretar en su propaganda la identidad del “enemigo”, directamente a nivel comunicativo, y con una penetración social muy marcada.

La actual Izquierda, tanto parlamentaria como extraparlamentaria, a pesar de sus derrotas históricas, usando las mismas herramientas teóricas, hsta hoy sigue evitando confrontarse a términos como “nación” y “patriotismo”, o sea a términos que constituyen la vanguardia de la propaganda fascista. Son unos términos introducidos por primera vez por la clase burguesa en el auge (apogeo) de su soberanía como unas herramientas de propaganda y de manipulación social masiva, con el fin de formar y uniformizar, a través del uso de símbolos identificadores masivos, las comunicades imaginarias necesarias de las “naciones”. Son unas nociones a través de la cuales, por un lado impuso los límites (las fronteras entre los Estados) de su Poder económico y político, y por el otro lado propagaba y cultivaba en el cuerpo social “nacional” sus futuros planes de expansión de su soberanía (“nación” sufrida fuera de las fronteras -> guerra por su liberación -> conquista -> “integración nacional”), uniformando su conciencia.

Desde los partidos y las organizaciones de la socialdemocracia moderna hasta las organizaciones y los grupúsculos leninistas “anti-imperialistas”, que como los monjes jesuitas conciben el funcionamiento del capitalismo globalizado valiéndose de las viejas (de hace más de medio siglo) teorías de la dependencia, la Izquierda interpretó y sigue inerpretando su “intercionalismo” no como un antinacionalismo, o sea como una desustruración de las comunidades imaginarias de la burguesía, sino que, directa e indirectamente, adopta definiciones “socialistas” (por ejemplo de Stalin) de comunidades “nacionales” imaginarias y un discurso “patriótico” semejante. La Izquierda ha intentado y sigue intentando sistemáticamente usar la herramienta-arma del nacionalismo, convirtiédolo en su herramienta-arma, con “buenas intenciones”. O sea que el fin justifica los medios. No obstante, la propia historia ha demonstrado que los medios están íntimamente asociados con el fin y lo delimita. Los medios preanuncian el fin.

El texto en griego.

Deja un comentario

*

Archivo