Sigue la tercera parte de una serie de artículos temáticos sobre la diacronía del fascismo en el territorio del Estado griego. El artículo original, titulado “Hablemos del fascismo moderno” y subtitulado “actualizando nuestro análisis y organizando la guerra contra sus raíces y no sólo contra los fascistas declarados”, fue publicado en la página web de la colectividad anarquista de Volos Manifesto. La primera parte se puede leer aquí y la segunda parte aquí.

Desde el fascismo del régimen de Metaxás y el estado de emergencia posteriormente a la guerra civil, hasta el nacionalismo griego de “tipo europeo” de la Transición

“El Estado ha sido siempre el patrimonio de alguna clase privilegiada: clase sacerdotal, clase nobiliaria, clase burguesa; clase burocrática al fin, cuando, agotadas todas las otras clases, el Estado cae o se levanta de nuevo, como se quiere, hasta la condición de máquina; pero es absolutamente necesario por la salvación del Estado que haya alguna clase privilegiada que se interese en su existencia. Y es precisamente el interés solidario de dicha clase privilegiada que se llama el patriotismo”.

Miguel Bakunin, 1869: “A los compañeros de la Asociación Internacional de los Trabajadores en Locle y en la Chaux-de Fonds”, revista El Progress, Ginebra

Después de la guerra civil, dentro del Estado griego la consolidación generalizada del nacionalismo-“patriotismo” en el cuerpo social pasó por un período de estancamiento narrativo, o sea de deficiencia de su actualización sobre la base de la realidad material de aquella época, sobre todo a causa de las consecuencias económicas y sociales negativas del resultado de la guerra civil para los estratos sociales inferiores durante muchos años. Las dos derrotas sucesivas de la Izquierda en un lapso de tiempo de dos años (una política y otra militar, con el pacto de Várkiza en 1945 y con la derrota del Ejército Democrático Griego en 1949) tuvieron como consecuencia el tratamiento durante muchos años de una buena parte de la población por parte del Estado griego de acuerdo con las clausulas del estado de excepción de Metaxás, o sea identificándola con el enemigo interno.

Durante este período la fuerza que tenía el nacionalismo griego procedía de la reunión de la mayoría de la población tras la narrativa del “peligro comunista” y del “peligro de la invasión soviética”. ¡Los dos (el enemigo externo y el interno) amenazaban al Estado-“nación” en común! A medida que iban pasando las décadas y la guerra fría entre las dos superpotencias paulatinamente iba degradándose (a causa de sus armamentos militares), convirtiéndose en una nueva colaboración geopolítica a nivel mundial, las condiciones materiales sobre las cuales se edificó el nacionalismo griego después de la guerra civil se iban haciendo cada vez más convincentes ante los ojos de una buena parte del cuerpo social. Para cerrar pues el ciclo de la guerra civil en que estaba el nacionalismo griego, o sea para conseguir la “unidad nacional” después de la dictadura, homogeneizando la gran mayoría de la población del país, colándole un nuevo imaginario “nacional” común, aplastando los enfrentamientos de clase y despolitizando las reivindicaciones combativas después de la guerra civil, se requería una nueva narrativa “nacional” que pudiera tapar el pasado de manera transcendental.

Un hito en esta trayectoria del nacionalismo-“patriotismo” griego constituyó la guerra bien conocida de Chipre. Fue una guerra que estalló en un período de muchos acontecimientos económicos y geopolíticos significantes. Son unos acontecimientos que marcaron y siguen marcando tanto la evolución del sistema capitalista, como en concreto la posición actual del Estado griego en la nueva división del trabajo a nivel mundial. El aumento en aquel entonces de la liquidez geopolítica en el Mediterráneo oriental y de la confrontación directa de los estados árabes con el Estado de Israel, que pronto se convirtió en guerra, estaba íntimamente asociada con la inestabilidad monetaria que fue el resultado de la abolición en 1971 del sistela monetario de Bretton Woods (convertibilidad del dólar en oro) y de la política de los mayores estados árabes sobre la tarifización del petróleo, la cual surgió de esta abolición. La guerra en Chipre le dio al Estado griego la oportunidad de desenterrar y de poner de relieve en la narrativa del nacionalismo-“patriotismo” griego el “peligro desde Oriente”, con el fin de conseguir un consenso social más amplio bajo el régimen de la “nueva” república parlamentaria que sucedió a la dictadura de los coroneles, creando un nuevo “estado de emergencia”.

Durante todo el período de la transición, con esporádicas crisis “nacionales” artificiales que nunca llegaron a sobrepasar los límites del enfrentamiento militar dentro de la OTAN, los dos Estados desarrollaron y mantuvieron en alto nivel en su interior el nacionalismo-“patriotismo”. Ambos fuero definiendo el término de la “amenaza nacional”. Cada uno de los dos Estados, interesándose en sus intereses asociados con la unificación social y política de sus súbditos, lograron paralizar a un grado alto las resistencias y reivindicaciones de clase y sociales. Un ejemplo ilustrativo de este “estado de emergencia” mantenido por el Estado griego con alertas nacionalistas y comprando constantemente armamento militar, fueron los particularmente frecuentes reclutamientos forzados de huelguistas tanto del sector público como del sector privado de la economía (transporte marítimo y terrestre). Por lo tanto, estas huelgas se generalizaban, o sea que se extendían en varios sectores del sistema económico y social (educación, producción de energía, transporte, e.tc.), amenazando la reproducción regular de la ideología dominante. Esta nueva narrativa de la “amenaza externa”, con este nuevo dogma “nacional-patriótico”, además del hecho de que una buena parte de la riqueza social producida se trasladó de manera racional a las industrias de armas norteamericanas y centroeuropeas y a la inflación del sector militar del Estado griego, constituyó una herramienta de disciplinación social significante, y contribuyó a que la narrativa nacional anterior fuera perdiendo su importancia, sin entrar en un proceso de desestructuración y de verificación de su falsedad por parte de la mayoría del cuerpo social.

El nuevo racionalismo-“patriotismo” racionalizado ha penetrado profundamente en la conciencia de los estratos sociales inferiores, haciendo uso de las mismas herramientas que había usado el fascismo en el período de entreguerras: Aumento de la proyección comunicativa de los desfiles militares y las “fiestas nacionales”, aumento de la propaganda comunicativa sobre el ejército, dándole el papel del factor-aparato de estabilidad y protección de la “Nación-Estado”, referencias frecuentes al “estado de emergencia”, aumento de los gastos por armamentos militares, propaganda nacionalista constante en todos los niveles de la Enseñanza sobre el enemigo eterno de la “nación”, que la tuvo esclavizada durante 400 años. Todo esto, sin embargo, ya se realiza de una manera más “progresista” en comparación con las narrativas sobre la nación y el Estado semejantes anteriores a la guerra civil. El “mérito militar” de los griegos regresó, pero en una forma moderna, el sindicalismo de los soldados, aparecido en aquel entonces por primera vez para tratar temas fundamentales de supervivencia económica y de mejora de las condiciones de vida de los reclutas, era reprimido con encarcelamientos y condenas constantes. Los objetores de conciencia seguían dando su lucha, reprimidos con encarcelamientos y condenas continuas, sobre todo cuando declaraban que el motivo de su objeción no era religioso.

El Pasok, este partido de la moderna socialdemocracia, apareció como un partido nuevo que se había quitado de encima la carga de las décadas que sucedieron a la guerra civil, y constituyó el enlace político y social ideal y el partido político ideal para la organizar y difundir esta nueva narrativa sobre la Nación-Estado, o sea del nuevo nacionalismo griego en una coyuntura de incorporación (económica y administrativa) paulatina del Estado griego a la formación llamada Comunidad Económica Europea (la actual Unión Europea) a partir de 1980. Se trataba de un proceso de concentralización e internacionalización del Capital en el continente europeo. Esta decisión estratégica de integración a nivel europeo del Estado griego en la “integración” económica y política del Capital centroeuropeo acumulado, constituyó la necesidad material y la base de una nueva narrativa nacional, la del nuevo nacionalismo griego. El nacionalismo-“patriotismo” de “nuevo tipo”, siendo el producto de esta propaganda, por un lado, no podría tener la mínima posibilidad de permitir, a nivel de imaginario, su integración política y su transformación en un Estado fascista, p.e. parecido al de Metaxás, o en las variantes que tuvo este régimen después de la guerra civil, y por el otro lado, tendría que convertirse en la nueva religión de la “Grecia europea” con un manto “alternativo”. En aquel entonces la socialdemocracia moderna del Pasok se encargó de llevar a cabo esta transformación. Y lo logró…

No vamos a olvidar nunca el lema principal de la campaña electorale del Pasok en 1981 “Grecia pertence a los griegos”. Era un lema supuestamente “anti-imperialista”, pero como se demonstró unos años después, tenía un núcleo profundamente nacionalista y racista. Justo este mismo lema nacionalista y racista usó con orgullo en sus campañas electorales Aurora Dorada muchos años después, preparando su ascenso electoral y su desmarginalización social, al mismo tiempo que organizaba pogromos de inmigrantes por sus batallones de asalto, haciendo a la vez propaganda del lema electoral “Fuera los extranjeros de Grecia”, como lema complementario del anteriormente mencionado.

La “unidad nacional”, la “unanimidad nacional”, el “desarrollo nacional” venían a complementar esta nueva narrativa del nacionalismo de la socialdemocracia moderna. “Somos una nación sin hermanos” gritó en 1985 el presidente de la República Sartzetakis (había sido propuesto por el propio Andreas Papandreu), enviando un mensaje de aislamiento nacionalista y de “reunión nacional” a los estratos sociales preocupados, quienes confrontaban con un comportamiento electoral fóbico la evolución de la incorporación económica del país a Europa y sus consecuencias para el cuerpo social “nacional”. Los estratos sociales de clase media habían crecido durante varias décadas con los “ideales nacionales” y el proteccionismo económico del Estado que surgió después de la guerra civil, apoyándolo con todas sus fuerzas en el marco de la relación material indisociable del “dar y tomar”. La nueva Grecia “potente dentro de la Europa unida” se convirtió en la base de la propaganda nacionalista durante el período del Pasok, en el objetivo “nacional” nuevo, y en la narrativa “nacional” nueva que deseaba (y al final lo consiguió) debilitar la lucha de clase en aquel entonces, disminuyendo su dinámica política, y haciendo de casi todo el movimiento sindical en un aparato burocrático.

A principios de la década de los ´90, en la época del “desarrollo” y de la “prosperidad” generalizada que ofrecía la estafa financiera que en aquella época aparecía fuerte, la eutopía consumidora elogiada por las revistas del estilo de vida (lifestyle) estaba extendida por todas partes como una peste, camuflando los abismos sociales y de clase del pasado. El “orgullo nacional” estaba siendo fomentado por el Estado y el Capital (a través de los medios de desinformación) sin hacer una propaganda directa del nacionalismo político y sin batallones de asalto en las calles, simplemente alimentando constante y firmemente la adición pequeñobirguesa al espectáculo. Este espectáculo “nacional” funcionó como un sucedáneo de la privación de todo lo sustancial, promoviendo principalmente unos eventos deportivos “nacionales” de primera categoría (campeonatos europeos y mundiales, luego los Juegos Olímpicos de 2004), organizando de manera coordinada los triunfos “nacionales” y las medallas de oro “nacionales” (ambos debidos al dopaje), sujetando docenas de miles de banderas griegas recién tejidas para festejar los triunfos “nacionales”, haciendo regresar a la vida social de manera indirecta el núcleo del ideal fascista sobre la Nación-Estado superior (en comparación con las Naciones-Estados vecinas). Miembros de la Academia de Ciencias y Letras salían cada dos por tres en la tele y sus debates aparentemente serios, llenando el tiempo televisivo de análisis que elogiaban el “espíritu griego inmortal” y de su versión moderna en el campo económico y político. El objetivo de la adoración de lo falso y de lo muerto (como por ejemplo, la obsesión con algún pasado “nacional” glorioso y continuo durante miles de años, confeccionado de manera artificial y con el método de la “síntesis creativa”) era y sigue siendo eliminar y hacer desaparecer cualquier residuo no sometido de análisis crítico de la ideología dominante. Los que siguen buscando cómo Aurora Dorada, a pesar de sus “exclusiones institucionales” después del asesinato de Fyssas y la promoción generalizada nivel comunicativo de su ideología fascista, en las últimas elecciones fue votada por unos cientos de miles de votantes fieles a ella, tendría que remontarse al pasado, cuando el nacionalismo-“patriotismo” izquierdista estaba edificando el consenso masivo al nacionalismo y al racismo, cubriéndolo de un manto progresista. Tanto en aquella época como en la época actual la consigna que llena de orgullo a cada nacionalista y racista es “Grecia pertenece a los griegos”.

El “contrato nacional y social con el pueblo” que le había prometido al pueblo el Pasok en 1981 estaba completado. El núcleo principal de propaganda nacionalista del Estado griego se embelleció, deshaciéndose de las dosis excesivas de los lemas sobre los “méritos militares de los griegos” y de las narrativas cansadoras sobre las matanzas de pueblos “de otras naciones y otras religiones”, pasando, ya como objetivo, al discurso de los catedráticos “progresistas”. Las ceremonias ultraderechistas en memoria de la guerra civil (Grammos, Vitsi, Meligalas) cesaron de celebrarse. Era la época en la que la extrema Derecha griega junto con los grupúsculos neonazis (entre ellos Aurora Dorada) se esforzaban por sobrevivir políticamente, estando apegadas a un nacionalismo pasado de la moda, o sea un nacionalismo cuyas raíces se remontaban a la guerra civil, y que estaba en plena discordancia con las necesidades materiales del Sistema y las nuevas condiciones sociales que estaban formándose dentro del ámbito de la “integración” europea.

El texto en griego, portugués.

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