El 17 de noviembre de 2017, una vez finalizada la marcha del aniversario de la rebelión de la Escuela Politécnica en 1973, un grupo de personas, repitiendo lo que suele hacer desee hace muchos años, se acercó al barrio de Exárjia y se dedicó a una “contienda” con los maderos. Alguien de este grupo disparó una bengala en línea recta hacia los maderos, lesionado gravemente a una mujer que en aquel momento estaba detrás de ellos y fue alcanzada por la bengala. Sigue el texto del grupo Anarquistas comunistas de Patras sobre el papel de estos grupos y la responsabilidad del movimiento libertario.

Sentimos nada más que repugnancia por el lesionado de la abogada de 55 años Anastasia Tsukalá de una bengala disparada por un “compañero” el viernes por la tarde, durante una marcha en el centro de Atenas. Hemos leído que ella ha defendido a compañeros anarquistas y que es antifascista. Ha denunciado la actitud fascista de los cuerpos de seguridad y a la jefatura de la Policía Griega de racismo y xenofobia. En otro artículo leímos que es colaboradora del ministerio de Protección del Ciudadano, y por consiguiente su lesionado más o menos es considerado baja colateral, por la cual no tendríamos que estar muy preocupados.

Vamos a hacer la cosa clara desde el pricipio. Nos importa un bledo el trabajo de dicha mujer, quien, en aquel momento entendemos que estaba en aquel lugar como abogada solidaria. En otra cosa nos vamos a centrar en este texto, porque ni amorales somos, ni tenemos ganas de despreciar la vida con los pretextos de la relativización y del secretismo, nosotros que luchamos por la vida, la libertad y la dignidad.

De todas formas, nos posicionamos dentro del marco del movimiento contestatario, y deseamos que haya más sujetos luchadores, políticos, de clase, sociales, colectivos o no, que expresen su opinión con motivo del suceso anteriormente mencionado. No tenemos pelos en la lengua, ni sentimos estar comprometidos con algún “savior vivre” anarquista ideal.

Con palabras claras declaramos que quien dispare bengalas de socorro dentro de una zona urbana es peligroso, es un potencial asesino y seguro que es enemigo del movimiento de clase. Los que consienten o cultiven tales lógicas y prácticas son cómplices. Los que hayan participado en manifestaciones saben muy bien cuán peligrosos son tales disparos en línea recta, como los de gases lacrimógenos por los maderos. En Patras, los años de la crisis capitalista y hasta hace poco tiempo estos disparos contra manifestantes han sido una táctica fija de la Policía.

Esta acción tuvo lugar durante la marcha del 17 de noviembre, en la cual una vez más la represión estatal mostró sus dientes de una manera particularmente infame. Sin embargo, esta represión de ninguna manera justifica el disparo de una bengala marina por parte de manifestantes dentro de un barrio, aun cuando esta acción sea percibida como una respuesta a los maderos. En una zona urbana, cualquiera puede ser blanco, como lamentablemente sucedió.

Desde el punto de vista de los principios que rigen una acción, esta acción está fuera del marco anarquista y de cualquier otro marco de lucha. Desde el punto de vista de la táctica, sólo problemas puede crear a los luchadores y a las luchas. Es una acción que ningún segmento (componente) del movimiento de clase libertario puede defender o justificar. Tampoco una persona puede asumirla y considerar que crea alguna perspectiva libertadora para las luchas. Lo contrario: Lleva agua al molino de la represión, del control, de la vigilancia policial, allanando el camino de la creación de nuevos campos (además de los ya existentes) de montajes, y dándole al Estado la oportunidad de poner en el punto de mira a luchadores.

Tales acciones, y sobre todo la noción (concepción) que subyace tras ellas, o sea el individualismo ilimitado, emana de una convicción amoral que hace aumentar la arbitrariedad, la cual llenando el manto de la “libertad individual”, no hace nada más que volverse contra todo lo que pueda considerarse colectivo y desde abajo. Este individualismo ilimitado no concibe a la persona como parte de un todo (aunque sea criticándola), sino privada de cualquier noción humanitaria. Es una noción (concepción) que hemos visto otras veces en el pasado como fetichiza la violencia y no se percata de que hay una relación dialéctica entre los medios y los objetivos.

Concepciones semejantes, que varias veces se han desarrollado dentro del ámbito anarquista, se han materializado varias veces en el pasado. En realidad se trata de unas concepciones hostiles que funcionan como unos parásitos de las luchas y reproducen lógicas y prácticas autoritarias. Sabemos, desde luego, que el capitalismo no se reproduce sólo en el campo de la economía, sino, entre otros campos, en el de los principios. Estas lógicas misántropas, anti-sociales y contra el movimiento (esta última frase la seguiremos escribiendo, por mucha tristeza que nos de) provienen de la podredumbre del mundo del poder, del desprecio por el valor de la vida y de la reproducción del canibalismo entre los de abajo. Tales lógicas han convertido la violencia, de un medio usado como una herramienta de lucha, en un rasgo ideológico de ella. Es una concepción que está en los antípodas de cualquier conciencia estructurada de manera revolucionaria. Es elitista y reproduce, de manera hostil y antagónica, dentro de los estratos de la sociedad que resisten y dentro de los luchadores, un concepto de vanguardia y de elevación a un rango superior de la violencia sin mesura y razón. Por eso es profundamente anti-anarquista, ya que distorsiona todos los ideales anarquistas. En fin, es peligrosa, sobre todo pensando en qué condiciones de recesión del movimiento cobran importancia tales lógicas.

Todas estas nociones (concepciones) individualistas y amorales no tienen la mínima relación ni con el anarquismo ni con algún tipo de lucha. Tampoco (tienen alguna relación) con las propuestas libertarias, que dice sí a la vida y que pretende que la propia vida y la libertad sean experimentadas al máximo grado.

Por lo tanto, somos reacios a las concepciones anteriormente mencionadas y a los que las tienen. No tenemos nada en común con sujetos que en el nombre de la confrontación con los maderos promocionan y reproducen una violencia ciega, la cual potencialmente podría dañar a cualquiera. No tenemos nada en común con los que la toleran silenciosamente, con los que la consienten o con los que le dan palmaditas en la espalda a modo de consejos. Todas estas escorias manchan la lucha anarquista y la desprecian profundamente.

En fin, no evaluamos a los que están a nuestro alrededor en función de cómo se autodeterminan o de si usan la A circulada, sino al contrario, en función del contenido de su discurso y sus acciones. Cada uno y cada una es evaluado y evaluada sobre la base de sus acciones y su actitud hacia lo existente. Cada uno y cada una es evaluado y evaluada no en función de si se autodenomina anarquista, sino en función de si resiste (en el grado que le corresponde), si monta barricadas frente a la vorágine del totalitarismo moderno del Estado y del Capital, si usa las herramientas de la lucha en relación directa y dialéctica con sus objetivos, si para él o para ella la dignidad no es una palabra sin valor, si la cortesía política y el relativismo no son pretextos para poder justificar sus guarradas, y si echa una sola piedrecita a los cimientos de la cuestión de la emancipación social, de la destrucción del capitalismo y de la conversión revolucionaria de las relaciones sociales y de producción, y si su autorreferencialidad “insurrecta” y peligrosa no vaga como un parásito por los caminos de las luchas sociales y de clase.

21 de noviembre de 2017,

Anarquistas comunistas de Patras

El texto en griego.

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