Texto publicado en la página web http://siniparksi.blogspot.gr (coexistencia) tratando del maltrato de los burros de la isla de Santorini, usados como medio de transporte turístico para la subida de los 600 escalones empinados entre un pequeño puerto y la capital de la isla. Para nada estamos de acuerdo con la propuesta institucional vegana del texto sobre la ampliación de la legislación para confrontar el problema, o con las constataciones de la encargada de la Asociación Amigos de los Animales sobre la contribución de los burritos al desarrollo de la isla. Tampoco compartimos el punto de vista y el estilo de vida claramente pequeñoburgués propuestos por páginas web, grupos y asociaciones semejantes. Publicamos el texto por denunciarse en este una crueldad cometida y consentida en aras del lucro, con el pretexto de una tradición inexistente.

Todos conocen los valores éticos de los veganos, según los cuales es inaceptable percibir los animales como alimentos, ropa o entretenimiento. A causa de la dependencia de muchas personas de la comida, parece que entre los tres lo más difícil de desprenderse es lo primero, porque para la mayoría de la gente la comida es algo como santo grial. Estas personas no quieren que les hables o les juzgues de esto, aunque tengas dos millones de argumentos.

Con respecto a lo segundo y a lo tercero, sin embargo, los “omnívoros” están de acuerdo con los veganos. Algunos están de acuerdo con que las pieles forradas son inaceptables, otros están de acuerdo con que los circos tienen que abolirse, otros creen que los espectáculos con delfines o con ballenas son repelentes, e.tc. Desde luego, si alguien está de acuerdo con la constatación de que no debemos ni explotar a los animales, ni esclavizarlos, tendrá que estar de acuerdo con que estas nociones incluyen más actividades que la gente no las consideran malas. Las tiendas de mascotas (animales), los jardines zoológicos y los canarios enjaulados son algunos ejemplos.

Una de estas actividades (de las más crueles) tiene lugar en la bonita isla de Santorini desde hace muchas décadas, y a pesar de las ridiculeces sobre la tradición y de las imágenes folclóricas, constituye una de las razones por las que deberíamos avergonzarnos: Se trata de los que se encargan de trasladar a los turistas en burros. Son unas escorias que esclavizan y explotan los animales para lucrar, que “venden” tradición a los turistas, obligando a los burritos a ir cargados de ellos y a subir unos 600 escalones cargados de turistas, desde el puerto de la isla hasta la capital.

Estos tipos tienen una asociación y son considerados jornaleros, sin embargo, nadie dice lo obvio, o sea, que la jornada la trabajan los animales y no ellos. El Estado tiene una legislación que determina el número de los animales que pueden explotar, algo muy curioso y escandaloso, dado que la legislación del mismo Estado tiene prohibido el maltrato de los animales. Supongo, pues, que el legislador consideró que los burritos no son maltratados, sino que están en la isla de vacaciones, y como están cortos de dinero le pidieron al patrón de los animales trabajar para él para ganar algo de dinero y pagar el hotel en que están alojados.

Desde las 7 de la mañana hasta el anochecer (o sea como los esclavos que trabajaron en la pirámide de Keops) estos burritos están obligados a subir y bajar cientos de escalones empinados, cargados de estúpidos de todo tipo con cámaras fotográficas. Fatigados, sucios, con las patas llenas de heridas, con graves problemas psicológicos, estos animales hermosísimos llevan unos cuantos años soportando la esclavitud, y luego se desmoronan del agotamiento físico y del sufrimiento. Los traficantes de animales esclavizados no dejan de pegarlos para que corran: El dinero que cobran a los turistas es mucho y no hay tiempo que perder. Es igual de obvio que no hay techos, descansos o cuidado. Los burritos no dejan de trabajar bajo el sol de Santorini. El tiempo del descanso (si lo hay) depende exclusivamente de las ganas de los clientes. El descanso para estos animales es el tiempo en que están atados en el campo, con un cubo con agua sucia a su lado, como ocurre normalmente en Grecia.

Jristina Kaludi, encargada de la Asociación Amigos de los Animales de la isla, ha declarado que en Santorini hay unos 200 burritos, de los cuales al menos 360 trabajan como “taxis turísticos”. Estas personas conciben a los animales como taxis.

El maltrato y el desprecio de los animales no se limitan a esto. Se extiende al comportamiento de los habitantes de la isla. En el municipio de Karterado estaba en funcionamiento un refugio para animales, el cual estaba gestionado por el municipio y la Asociación Amigos de los Animales. Una vez agotados los burros y al estar a punto de morir, los traficantes de animales esclavizados, como los burros ya no les servían para nada, los abandonaban fuera del refugio. Obviamente las personas que trabajaban en el refugio hacían todo lo posible para atenderlos y para ofrecerles una vida mejor, aunque fuera para los pocos años que les quedaban por vivir. Muchos burritos fallecían al día siguiente de su abandono. Unos voluntarios del refugio han declarado que algunos animales están tan aterrorizados que no se atreven a acercarse a los humanos. Incluso después de llevar seis años viviendo en el refugio.

Parece, pues, que los habitantes de este pueblo le tenían manía al refugio. No les molesta nada el hecho de que los que usan los burros de medio de transporte para los turistas llevan muchas décadas torturando a los animales. Supongo que les molestó el hedor y los gritos de los animales en el refugio. Por eso, la comunidad local demandó al municipio local para conseguir que los animales se fueran del pueblo. Creo que para algunos la mejor solución es tirarlos al mar. Son ilustrativas las palabras de la señora Kaludi: “A menudo cortaban el único camino de tierra que conduce al refugio, haciendo imposible la llegada del camión que llevaba agua al refugio, el traslado de los animales muertos y el acceso de los voluntarios al refugio. Estamos ubicados en una zona que está fuera de los límites de la ciudad y no molestamos a nadie. Los burros y los asnos que están moribundos y que han trabajado sin cesar para el desarrollo de esta isla van a abandonarse en la calle, los perros callejeros van a formar manadas, y la mitad de ellos son cachorros y no podrán sobrevivir. Es una imagen muy mala para el país ante los ojos de los más de dos millones de turistas que visitan la isla”.

Por desgracia no conozco si el refugio sigue en funcionamiento. En el juicio que tuvo lugar en noviembre de 2016 la Asociación fue absuelta. También, a un empleado del municipio que estaba acusado se le puso una multa de 59 euros. El tema es que a pesar de los sufrimientos de estos animales, muchos habitantes de la isla no quieren tenerlos a su lado, aun cuando estén a punto de morir.

No puedo contenerme y dejar de citar por enésima vez la aproximación vegana a temas semejantes.

Al mismo tiempo que la mayoría de la gente busca “soluciones” sobre el lugar en el que hay que tirar a los animales agotados después de su explotación, o sobre el cómo tienen que alimentarse, dónde tienen que alojarse, y sobre el cuántos burritos puede tener cada traficante de animales esclavizados, para un vegano la única solución es la abolición de este “oficio” cruel, criminal y vergonzoso. Las leyes sobre el maltrato de los animales tienen que ampliarse e incluir todos los animales, protegiéndolos de los cretinos culones de todo tipo que quieren irse a la cima del Everest bajo el sol, montados en algún animal.

Si vas a Santorini este año, recuerda que hay teleférico. Si tienes ganas de subir los escalones de la manera “tradicional”, súbetelos a pie para entender qué paliza se dan los pobres animalitos.

El texto en griego, portugués.

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