Sigue el texto publicado por los autores del ataque realizado hace unos días a una de las sedes de la Red de Transporte Público de Atenas. Como se cita en el texto “la acción se centró en la Oficina de Recaudación de Multas”.

El lunes 15 de febrero de 2016 un grupo de compañeros y compañeras atacamos el edificio principal de la Red de Transporte Público, en el centro de Atenas. Focalizamos nuestra acción en la Oficina de Recaudación de Multas, destrozando el equipamiento electrónico, y llevándonos los archivos de las multas. No dejamos de destrozar la oficina del director de la empresa, quien es la persona que con su firma ratifica los aumentos de las multas.

La realidad urbana impone el desplazamiento por toda la ciudad para ir al trabajo, a la universidad, a la escuela, o para socializarse. El transporte es lo que llamamos “gasto inelástico”. No se puede vivir en una ciudad de al menos cinco millones de habitantes y de unos cientos de kilómetros cuadrados de superficie sin hacer este gasto. Por lo tanto, cada euro que se gasta en el transporte es dinero que se descuenta de nuestros salarios ya recortados, y que viene a sumarse al costo de vida ya asfixiante.

Por si fuera poco, además del aumento del coste de los billetes, llevamos mucho tiempo fijándonos en las tentativas de intensificación del control y de la vigilancia en la cotidianidad de los transportes públicos. Con las cámaras de vigilancias dentro de los vagones del metro, las barras en los autobuses, la presencia ya permanente de los revisores en los medios de transporte públicos se intenta poner en el punto de mira como infractor cualquiera no pueda o no quiera pagar por el transporte público. El colmo fue su intención de convertir la no posesión de billete en delito flagrante.

En la época en que el Estado y la patronal atacan por cualquier medio a los estratos sociales pobres e inferiores, la reivindicación de las necesidades básicas es y será una propuesta radical. Desde la anulación del ticket de los cinco euros en los hospitales, y las reconexiones del suministro eléctrico en los barrios, hasta las luchas contra los programas del Instituto Nacional de Empleo, de contratación de esclavos asalariados por cinco meses, y la negativa colectiva de los aumentos de los precios de los billetes en los transportes públicos.

Durante los últimos meses muchas barras han sido quitadas de varios autobuses, al mismo tiempo que los revisores-cazadores de cabezas han sido perseguidos, como por ejemplo el caso de la estación de metro de Omonia, que causó un paro de trabajo por parte de los trabajadores en los medios de transporte públicos. Nosotros decimos que (estos trabajadores) no tienen nada que temer mientras están al lado de los oprimidos y los luchadores, y no aceptan el papel de los rufianes y los maderos.

No nos olvidamos de la muerte de Thanasis Kanautis, quien murió perseguido por un revisor por no tener billete.

Debemos enterarnos de nuestra fuerza colectiva. A organizarnos y a contraatacar.

Transporte público gratuito para todos. No piques el billete, pega a los revisores [1].

Compañeros/Compañeras

El texto en griego.

[1] Juego de palabras en griego: La frase “picar billete” es “pegar billete”.

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