Texto de la Asamblea de la plaza de Keratsini-Drapetsona y del centro social auto-organizado Resalto. El texto fue repartido en dos acciones realizadas recientemente por estos colectivos contra el billete electrónico y los sistemas de control social y de exclusiones, introducidos hace un mes en los medios de transporte masivos.

Acceso libre para todos a los medios de transporte masivos

La instalación del sistema del “billete electrónico” comenzó a finales de 2016, después de la instalación de sistemas informativos del tiempo de llegada de los autobuses en las paradas de autobuses y trolebuses. Las estaciones de metro se vallaron con torniquetes de entrada y salida, y se instalaron en ellas más cámaras de vigilancia y nuevos sistemas automáticos de expedición y recarga de billetes y tarjetas electrónicos. Al mismo tiempo, en los autobuses, los trolebuses y los tranvías se colocaron las nuevas máquinas validadoras de billetes electrónicos. La “re-estructuración” impuesta de nuestra vida diaria, revestida de un manto de tecnología y “modernización” preanuncia las inminentes exclusiones sociales y de clase, el fichaje electrónico de nuestros desplazamientos, y la extensión de las prohibiciones y la vigilancia.

Durante el último año estas acciones del Estado y de las direcciones de las empresas del transporte urbano han provocado una ola de resistencias colectivas, con acciones de varios tipos que sucedieron a varios ciclos de lucha dada durante la última década por el uso libre de los medios de transporte masivos: Reparto de panfletos en barrios, autobuses, estaciones de metro y paradas de tranvía, intervenciones con el fin de dirigirse a los trabajadores en los medios de transporte masivos, marchas y eventos, sabotaje o retirada de máquinas validadoras de billetes, destrucción de torniquetes de exclusión y de taquillas de venta de los nuevos billetes electrónicos. Han sido unas acciones con las cuales se pretendió socializar un discurso opositor “desde abajo” y desestructurar la propaganda dominante sobre la necesidad de “re-estructuración” y “saneamiento” del transporte urbano, y a la vez se intentó difundir las prácticas de desobediencia y sabotaje, sobre la base de la solidaridad y la colectivización.

Estas intervenciones pusieron de manifiesto que los notorios “déficits” son el resultado de la abstención paulatina del Estado del apoyo económico de los medios de transporte masivos durante los últimos años (a pesar del aumento constante de los impuestos que pagan “los de abajo”), de las “irregularidades” financieras cometidas por las direcciones de las empresas de los medios de transporte, llamadas también “mala gestión”, y de las prioridades de financiación, como, por ejemplo, el caso de los 125 millones de euros que se han gastado de momento para el nuevo sistema de los billetes y las tarjetas electrónicos, y para la compra y la instalación de cámaras de vigilancia y de torniquetes. Las recientes movilizaciones de los trabajadores en los medios de transporte masivos (nada generalizadas y por lo general fragmentadas) han demonstrado lo obvio: La integración de la empresa del metro en el Fondo de Privatizaciones demuestra que la privatización del “transporte urbano” ha sido desde el principio su objetivo final. El billete electrónico es la última fase indispensable de la “modernización” (después de los sistemas informativos del tiempo de llegada de los autobuses, los recortes de los salarios de los trabajadores y la intensificación de su trabajo), para atraer el interés del Capital privado, la privatización de los medios de transporte, cuyos resultados para el Capital serán la maximización de sus beneficios sin pagar el coste de la “re-estructuración”.

La realidad en los medios de transporte masivos está cambiando radicalmente y no puede limitarse al enfado por hacer cola en las taquillas de expedición de billetes y tarjetas electrónicos personalizados y en los torniquetes de entrada y salida. Nuestra necesidad existente e inevitable de desplazamiento dentro de la ciudad ya se está convirtiendo en un campo de control y de disciplinación total en las estaciones de metro, las cuales ya están claramente transformadas en unas zonas de prohibición vigiladas. Al mismo tiempo, se consolida la exclusión total de los que no pueden pagar billete, de los “parias”, los “profanos”, los “infractores”, los no “normales”. Además, se tendrá que dar por hecho el aumento del precio del billete, después del cebo del descenso del precio durante la primera fase de la aplicación del sistema del billete electrónico. Es seguro que el cobro proporcional por tramo recorrido conducirá a los pasajeros que están obligados a recorrer largas distancias para ir a su trabajo, a la universidad, a los varios ministerios y a los guettos de la diversión, a pagar mucho más que antes. Ya es claro que las estaciones de metro y los propios medios de transporte masivos se están convirtiendo en lugares-modelos de la realidad lúgubre que los están imponiendo el Estado y los patrones. Estando totalmente vallados y plenamente mercantilizados, estos lugares han tomado un aspecto de una limpieza ficticia. Este aspecto activa la aumaticidad en la sociedad. El objetivo es que los pasajeros se conviertan en revisores, ayudados por las nuevas máquinas validadoras de billetes, las cuales “se chivan” (con el ruido ensordecedor que hacen en caso de validación fracasada) a los pasajeros cuya tarjeta no tiene saldo o cuyo billete está caducado.

No negociamos nuestra necesidad de desplazarnos por la ciudad, así como el resto de nuestras necesidades sociales: Suministro eléctrico, agua, vivienda. No aceptamos el chantaje económico y la represión que se va extendiendo diariamente en cada faceta de nuestra vida cotidiana. No sucumbimos a la realidad neoliberal de las “opciones” o “soluciones” individuales, de las vidas individualizadas y fragmentadas, de la regularidad basada en los modelos capitalistas, de las exclusiones y de nuestra disciplinación. No nos vamos a incorporar al sistema absurdo de lso patrones y del Estado.

Optamos por la desobediencia social contra los torniquetes, el billete electrónico y cualquier sistema de control y de exclusión. Nos solidarizamos y apoyamos a los que no pueden, no quieren o concientemente se niegan a pagar el billete, manteniendo las entradas y salidas de las estaciones abiertas, reaccionando a cualquier tentativa de represión estatal o de canibalismo social entre “los de abajo”. Aislamos (apartamos) a los revisores y los seguratas, y nos enfrentamos a ellos en conjunto. Sabotamos los aparatos de control, de registro y de exclusión, que no permiten nuestro desplazamiento libre por la ciudad, creando pasos a una vida sin torniquetes, vallas y discriminaciones falsas entre nosotros.

Sabotaje a los sistemas de control social y de exclusiones.

Asamblea de la plaza de Keratsini-Drapetsona, espacio auto-organizado de solidaridad y ruptura “Resalto”

El texto en griego, portugués.

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